Hoy no me senté en la misma silla, ni comí lo de siempre. Tampoco me bañé, olvidé las tareas y compromisos. Aún así no me sentí mejor.
La rutina me mata, me destruye lentamente.
Es difícil ser estructurado e intentar salir de ese estado permanente, que, si bien lo detesto, vivo así igual, resignada.
Veo al tiempo avanzar a mi alrededor y sigo en pausa. Creo que es porque no tengo ganas, ganas de eso, ganas de esto, de ellos y de mi. No sé donde se fueron, pero tampoco las estoy esperando.
¿Y ahora qué?
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